Por que nos gusta tanto la comida basura

¿Por qué nos gusta tanto la comida basura?

¿Quieres saber por qué te cuesta tanto resistirte a la comida basura? En principio te diré que no eres la única. Día tras día, cientos de mujeres y hombres luchan por no llevar a su boca lo que parece una inocente patata frita o un llamativo muffin de chocolate. Así que no estás sola.

  • Desde pequeños, nos inculcan la idea de premio-castigo cuando nos sentamos en la mesa. Enseguida te contaré de qué va esto.
  • Los alimentos que se consideran comida basura están elaborados a base de combinaciones de claro y oscuro, dulce y salado, crujiente y sedoso, que se consideran particularmente estimulantes para el cerebro.
  • Nuestra relación con la comida basura puede venir incluso desde los primeros meses de gestación. ¡Sí, así como lo lees! Y no lo digo yo, por supuesto. Está comprobado por estudios científicos, que también te comentaré en este artículo.

Como puedes ver, lo que parece ser nuestra eterna relación con la comida basura tiene explicaciones culturales y biológicas. Pero eso no significa que no puedas hacerle frente.

Mientras escribo esto, me acuerdo de Nancy, una de mis alumnas, una mujer increíble, con una voluntad de acero, que trabaja como secretaria en un estudio jurídico.

Un día llegó a la clase, muy, pero muy apenada. Sabía que algo le pasaba. Como entrenador sé que las emociones influyen directamente en nuestro organismo. No podía comenzar la clase sin preguntarle qué le pasaba.

Su respuesta me dejó casi helado, “estoy harta de no poder resistirme a la comida basura. Sé que es mala para mi salud, sé que no me ayuda con mi entrenamiento, y sin embargo, no puedo resistirme a un paquete de patatas fritas crujientes.”

Lo primero que hice fue preguntarle, qué recordaba de su infancia, en el momento en que su madre la llamaba a la mesa.

Sus recuerdos emergieron a borbotones. Me contó que su madre casi la obligaba a comer las verduras. Y que para obligarla, la premiaba con postres como chocolates o flanes. Y este tipo de estimulación, se prolongó hasta casi su adolescencia.

¿De qué se dio cuenta Nancy? Que desde pequeña había aprendido que la comida saludable era una obligación, y que la comida menos saludable, era un premio.

¿A ti también te ha pasado de pequeña?

En la adolescencia, las cosas no mejoraron mucho porque, en las reuniones con amigas, las comidas eran pizzas, hamburguesas, perritos calientes… y si venían acompañados de patatas fritas, mucho mejor.

Cuando comenzó a trabajar, llegaron los bocadillos en lugar de las ensaladas. Parecían ser más prácticos y más fáciles de llevar. E incluso, le parecía que eran mucho más económicos.

Y aquí estaba, años después, sintiéndose culpable por comer alimentos que sabía que no eran saludables. Y lo que era peor, eso le impedía disfrutar de sus momentos de ocio, como era por ejemplo, su clase de fitness.

¿Quieres saber cómo concluyó ese día la charla Con Nancy? Prometo contártelo, pero antes te diré:

  • Las cuestiones biológicas por las que la comida basura nos gusta tanto.
  • A qué enfermedades nos enfrentamos cuando consumimos comida basura.
  • Algunas ideas para vencer la tentación de llevar a nuestra boca alimentos poco saludables.

Cuando termines de leer la información que tengo para compartir contigo, no solo sabrás por qué te cuesta tanto resistirte a la comida basura, sino que sabrás cómo vencer la tentación.

Por qué nos parece tan sabrosa la comida basura

Numerosos estudios demuestran que el mero anuncio de que nos van a servir comida sana disminuye las expectativas de sabor. Increíble, pero real.

¿No me crees? En un experimento llevado a cabo por la Universidad de Texas denominado «Experimento con un ‘lassi’ de mango», los participantes clasificaron un ‘lassi’, que es un batido de yogur tradicional de la India,  como menos sabroso cuando previamente se les informó de que se trataba de una bebida saludable.

Ahora, ¿sabes qué pasó cuando les dijeron que tenía un alto contenido en calorías?

Los mismos voluntarios elogiaron su sabor.

¿Te das cuenta la reacción de nuestro cerebro frente al mismo producto, cuando es presentado de diferente manera?

Y todo tiene que ver con que estamos genéticamente programados para querer azúcar y grasa.

Steven Witherly, autor del libro «Por qué a los humanos les gusta la comida basura», habla del «contraste dinámico». Como te decía al principio, algunas combinaciones como claro y oscuro o dulce y saldo, resultan  particularmente estimulantes para el cerebro.

Es por eso, que encontramos deliciosos los alimentos que se calientan en la boca y son crujientes.

Dime la verdad, ¿cuántas veces se te hacía agua la boca de solo pensar en una hamburguesa con queso? Es que este es el verdadero paradigma de los aditivos potenciadores del sabor, entre ellos el azúcar, la sal, el glutamato, el ácido cítrico, el chile, la cebolla, el ajo en polvo y diversos productos lácteos.

El científico de los materiales y amante de la comida Mark Miodownik, explicó que estos alimentos poco saludables nos apetecen de tal manera, porque “tenemos papilas gustativas para lo dulce, para lo salado, para lo agrio y para lo amargo, y todas piden a gritos ser encendidas. Cuando comes este tipo de comida, las papilas se encienden. Hay una sinfonía de sabores en tu boca”.

Pero la lengua no es la única culpable de llevarnos por el mal camino nutricional. ¿Adivinas qué otro órgano juega un papel importante para incitarnos a consumir alimentos poco saludables?

Nuestra pequeña, o no tanto, nariz. Es la primera que nos incita a pecar, porque es la que nos impulsa a sucumbir a los pequeños antojos.

El olor de cierto tipo de comida hace que nuestro sistema digestivo se encienda y reclame ser alimentado.

Y una vez que la comida está en nuestra boca, también es nuestra nariz la que nos permite sentir toda la sutileza de su sabor. El papel que juega el olfato explica por qué muchas de estas comidas, por ejemplo una hamburguesa, nos resultan irresistibles cuando están calientes, pero ya no nos interesan frías. A medida que la comida se enfría pierde su sabor porque hay menos calor transformando moléculas volátiles en olores dentro de la boca.

Pero si el calor es un factor importante para explicar la atracción de la comida basura, ¿qué pasa con los refrescos, unos de los principales culpables del aumento de la obesidad en el mundo? ¿O con el chocolate y las golosinas?

Una de las expertas en alimentos más reconocida del mundo, la profesora Linda Bartoshuk de la Universidad de Florida, nos explica que “el  combustible para el cerebro es la glucosa, un tipo de azucar, y a lo largo de la evolución nuestros cerebros se han desarrollado de tal forma, que nos hace creer que amamos lo dulce porque lo necesitamos”.

¿Puedes creer que esta conexión con lo dulce puede venir incluso desde nuestros primeros meses de gestación? Sí, incluso desde antes de que naciéramos.

Un pediatra realizó una investigación en los años 20 del siglo pasado, inyectando sacarina en el fluido amniótico de una mujer embarazada y el feto bebió el fluido. 

¿Qué observó este pediatra? ¡Que el feto había disfrutado de la bebida dulce!

Además, nuestro cuerpo tiene varios «receptores de sabor», que no solo  están en la boca,  sino también en el estómago y el tracto gastrointestinal. Y estos receptores también tienen sus «antojos».

Para que lo entiendas, la  grasa y las proteínas no pueden ser detectadas en la boca, pero si las tragas, tu sistema digestivo las convierte en ácido graso y glutamato. Como tu estómago también tiene receptores del sabor, le informa a tu cerebro que acabas de ingerir esa fantástica grasa y proteína.

¿Pero sabes que es lo más maravilloso de todo esto? Que todas estas  asociaciones funcionan a nivel inconsciente, por eso es que puedes desear comer todo tipo de alimentos poco saludables sin que lo sepas ni entiendas por qué.

Y como si no nos bastara con los receptores que se encuentran en nuestro cuerpo, desde el punto de vista psicológico, también existen explicaciones acerca del atractivo de la comida poco saludable.

Te hago una pregunta, ¿qué pasaba cuando eras niña y te prohibían hacer algo? A mí, por ejemplo cuando era pequeño, mi madre no me dejaba ver películas de terror.

Cuando me quedaba a dormir en la casa de mi abuela, siempre sintonizaba alguna. Me parecía divertido pasar el límite de la prohibición. Claro que después no dormía durante tres noches.

Con la comida pasa algo parecido. Cuando sientes que te encuentras frente a un alimento “prohibido”, piensas que algo placentero debe haber allí, por lo tanto, puede resultarte más difícil resistirte a probarlo. Y finalmente, hará que la desees más.

Por si nuestra predisposición biológica hacia el azúcar y las grasas fuese poco, la industria alimentaria gasta miles de millones en marketing.

Estudios recogidos por Michael Moss, reportero del New York Times y ganador del Pulitzer por el trabajo «Sal, azúcar, grasa: cómo los gigantes de la comida nos sedujeron», explica la forma en que la industria alimentaria atrae a la gente.

Y menciona estudios mecánicos de la boca o el uso de imágenes cerebrales para guiar al usuario a estos alimentos. Un estudio de la firma Unilever,  sostiene que las patatas fritas son percibidas como más crujientes y frescas, que mientras más potente sea el sonido que hacen al morderlas, más deseo provocan.

Entre los factores que hacen que sean más sabrosas está la sal, que también ayuda a preservar alimentos.

Entonces, tenemos que algunos antecedentes genéticos, nuestro sistema biológico, nuestro cerebro e incluso, el marketing, pueden inducirnos, casi sin que nos demos cuenta a consumir alimentos poco saludables. Sin embargo, no todo está perdido, porque como dice el refrán “hecha la ley, hecha la trampa”.

¿Quieres que te cuente cómo hace Nancy para engañar a su cerebro y que no la tiente con comida basura? Estamos por llegar ahí.

Pero antes, me parece importante, que tomes conciencia de los peligros que esconde la comida basura. No para asustarte, sino para que puedas tomar las riendas de tu alimentación y decidir qué quieres para tu vida.

Las enfermedades que se esconden detrás de la comida basura

La comida basura puede parecer visualmente tentadora y gustativamente sabrosa. Pero detrás de sus ingredientes se esconden verdades que distan mucho de su apariencia.

¿Quieres saber las consecuencias de ingerir comida poco saludable en exceso? Comencemos por una de las enfermedades más comunes en casi todos los países desarrollados.

  • Obesidad.

Esta es la consecuencia más directa y rápida que puedes llegar a padecer. Nuestras cinturas cada vez son más anchas, lo que constituye un creciente problema de salud pública.

A nivel mundial, el índice de obesidad se ha triplicado desde 1975. Según la Organización Mundial de la Salud, casi dos mil millones de adultos sufren sobrepeso, de los cuales 650 millones tienen obesidad. 

La generación más joven está especialmente afectada por la comida alta en calorías y baja en nutrientes. Los altos niveles de azúcar, grasa y sal hacen que los niños tengan un mayor riesgo de sufrir diabetes de tipo 2 y enfermedades cardíacas, por no mencionar los problemas dentales.

  • Colesterol y problemas cardiovasculares.

Esta afección está muy relacionada con el punto anterior. La obesidad se produce por comer de forma regular grasas saturadas o grasas trans. Estas grasas obstruyen la circulación de sangre por las venas, lo que puede llegar a derivar en problemas del corazón.

  • Trastornos psicológicos.

La ingesta de comida basura puede llegar a alterar nuestro estado de ánimo. ¿Sabes por qué?

Porque la escasa presencia de vitaminas y minerales en estos productos,  nos priva de consumir los antioxidantes necesarios para un funcionamiento óptimo tanto de nuestro organismo como también de nuestro sistema nervioso.

Esto puede llegar a traducirse en angustia, estrés y hasta depresiones.

  • Puede dañar a tu cerebro.

Un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur asegura que, incluso a corto plazo, esta comida puede ser perjudicial para el cerebro, ya que inflama una región específica.

Eso implica que sería posible llegar a padecer problemas de memoria. Nuestros recuerdos y nuestras vivencias anteriores, quedan a merced de estos alimentos que a la larga, solo conducen a la infelicidad.

  • Sedentarismo.

Otro estudio, en este caso realizado por los científicos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), asegura que es el sobrepeso el principal motivo por el que existe el sedentarismo.

Así pues, no somos vagos porque no hacemos deporte, sino que es precisamente lo que comemos lo que nos provoca cansancio.

Ahora ya sabes por qué tu cuerpo parece pedir a gritos la comida basura y cuáles son las consecuencias para tu salud cuando abusas de ella.

Sin embargo, ¿eres consciente que aún sigues teniendo el poder de llevar a tu boca alimentos más saludables? Más allá de la genética, de las explicaciones científicas e incluso de las campañas de marketing de la industria alimenticia, tú puedes decir ¡basta!

Como lo hizo Nancy, siguiendo algunos pequeños consejos.

Tips para consumir más comida saludable

  • Empieza a pensar en los alimentos saludables como alimentos sabrosos.

¿Qué quiero decir con esto? Que puedes empezar a reeducar tu cerebro, y dejar de lado la idea de que los alimentos saludables saben peor que los no saludables.

¿Cómo haces esto? Copiando a los franceses.

En la cocina francesa, existe un lema que dice que “de los alimentos saludables se espera el mejor sabor”.

Los investigadores de la Universidad de Grenoble,  lo atribuyen principalmente a la conciencia de calidad que tienen los franceses. Los cocineros franceses utilizan hierbas, especias, ajo fresco y chalotas, en lugar de sabores artificiales.

Combinan los ingredientes de las ensaladas hábilmente, por ejemplo, piel de limón y cilantro con tomates, cortados en pequeños dados, para que los aromas se desplieguen rápidamente en la lengua.

Conclusión: para hacer una jugarreta a la intuición de lo «no saludable = sabroso», no hace falta mudarse inmediatamente a Francia. Es suficiente con dejarse inspirar por la cocina francesa, sabiendo que se puede cocinar una comida sabrosa y sana en poco tiempo y por poco dinero.

  • Destierra la idea de que la comida saludable es más cara.

Esto es un mito que me repiten continuamente mis alumnas en mis clases. Muchas de ellas me dicen que les gustaría comer mejor, pero que no pueden permitírselo.

Repiten hasta el cansancio que cocinar con ingredientes frescos cuesta una fortuna y, como la comida para llevar está a nuestro alcance por poco dinero, carecen de alicientes para cambiar ese hábito.

¿Quieres saber cómo comer mejor con un bajo presupuesto? Yo entiendo que la carne y el pescado se encuentran entre los alimentos más caros de la lista de la compra.

¿Por qué no reemplazarlos? Por ejemplo, con proteínas vegetales, que son más baratas. Las legumbres, judías, guisantes y lentejas son nutritivas, muy baratas y funcionan como sustitutas de la carne.

  • No caigas en el marketing de los súper alimentos.

¡Basta de engaños! Muchas de sus supuestas propiedades saludables están aún por demostrarse.

Simplemente incrementando la cantidad y variedad de frutas y verduras en tu nevera podrás evitar las tentaciones, y por ende, reducir el riesgo de sufrir problemas de salud.

Las frutas y verduras congeladas, en conserva y secas,  suelen ser más baratas que las frescas, pero conservan los nutrientes. Además, duran más tiempo, por lo que se desperdician menos.

La idea de que la comida sana es cara es solo ficción.

Han pasado dos meses desde que Nancy llegó a la clase tan apenada y derrotada.

Pero, hoy está en pleno proceso de “reeducar su cerebro”. Siempre tiene a mano un snack saludable, ha reemplazado los bocaditos del mediodía por ensaladas e incluso, bocaditos vegetarianos, y aunque de vez en cuando, lleva a su boca alguna papa frita, cada día la comida basura ocupa menos lugar en su nevera y en su vida.

Y tú, ¿te animas a cambiarte a los alimentos saludables? ¡El cambio empieza en ti! Y yo puedo ayudarte a conseguirlo.

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